Merece la pena perder unos minutos mirando al cielo en una noche clara
de Invierno... Merece la pena.
Merece la pena contemplar una de las constelaciones más bellas luciendo
en el centro del Hemisferio: Orión.
Conocer sus estrellas más importantes: Betelgeuse, Rigel,
Belatrix. Saber que su cinturón es
más conocido por las “tres Marías”,
y localizar en la funda de su espada la Nebulosa que lleva su nombre.
A su derecha Tauro.......
Que con su luminoso y alerta Aldebarán, indica al cazador Orión que si
pretende apresar a sus “palomas”, sus “Pléyades”, podrá encontrarse con los
afilados puñales de sus cuernos.
Y durante millones de años, se vigilan, se temen, se respetan......
Las Pléyades, las palomas de Tauro, por ahora, están a salvo.
Solo la Luna, solo Selene, como diosa de la noche, puede, sin temor,
pasearse por todos los confines del Universo.
Solo a ella, Diosa Luminosa, le está permitido acercarse a todo aquello
que ilumina su noche.
Y su presencia es esperada, querida y respetada.
A mi, desde la Tierra, me sigue mereciendo la pena perder unos minutos
en las noches serenas de Invierno, el contemplar, extasiado, el Teatro del
Cielo.