En mi juventud, además de “el Hombre enmascarado”, el “Capitán Márvel”, el “Capitán Trueno”, “Roberto Alcazar y Pedrín”, y otros, uno de mis héroes favoritos fue “El Zorro”.
Seguí sus andanzas en los cómics de aquellos tiempos, vi sus películas y seguí sus aventuras hasta que tuve que dedicarme a cosas menos agradables, pero más productivas.
La “Z” en la piel del malvado, las correrías del Pimpinela de la baja California, la justicia impartida por el del antifaz, dejaron huella en mi mente joven de andanzas tangerinas.
En Mayrena me la he vuelto a encontrar.
No teñida con la sangre del malo. En Mayrena no existe maldad.
En la noche, una guirnalda de yemas de flores a punto de reventar, formaban el signo recordado de mi juventud.
Buena presagio, pensé.
La “Z” se convertirá en flor, la flor en frutos, y los frutos en prosperidad.
Y si atisbo cerca una “lechera” que me estropee el sueño, le tatúo la “Z” en su frente, para que le quede para siempre, a la vista, la oprobiosa señal.
¡¡ Qué ya está bien...., coña.!!

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