lunes, 26 de marzo de 2012

FIEBRE DEL SÁBADO NOCHE

 Aquel sábado, al levantarme de la siesta me miré al espejo y, francamente, me encontré “divino”. 
-Esta es mi noche, pensé.
-¡Así....., así! se me van a dar las gallinas, me dije abriendo y cerrando varias veces los dedos de mi pata derecha.  Si hoy no ligo, que me quede cieguecito....
Y me puse muy, pero que muy nervioso......
La sola y perversa idea de lo que podría suceder, hacía que quisiera que el tiempo, más que pasar, volara.
Al llegar el momento empecé a arreglarme:  Gomina en la cresta, que quede bien erecta, cola rizada a la remanguillé, alitas cañones al aire, medias rosas haciendo juego con el cuello “pecho lobo”, y en el pico aerosol sabor avena por “mor” de los  “besiquirriquis”..
Porte gallardo, presencia altanera, aspecto arrogante...  ¡ Bieeen!!
Esperanzado y feliz salí a la calle.
Y fueron pasando las horas, y con ellas todos los “Kikiriki-tecas” de la Ciudad.  Y en todas la misma escena: Me apalanco en la barra, miro, observo, elijo, y como águila hambrienta, me abalanzo sobre la gallina de mi elección.
- ¿Nenica, Quéeee? digo, exagerando mi acento de gallo murciano.
- ¡¡Que qué de qué, qué!!., contestan amenazantes.
- No, perdón, contesto anonadado, te he confundido con una gallina de guinea, amiga mía.....
La cresta, tan tiesa al salir, poco a poco se va convirtiendo en moco de pavo, y mi moral por los suelos, barrunta otra noche de “poqui- farra”.
Pero el Dios de los gallos existe.  Y cuando humillado, desencantado despechado, fracasado y triste, -como siempre-, me preparaba a volver al gallinero, decidido a meterme a gallo de la Trapa, en un aislado y oscuro rincón de la sala, sola pero insinuante, retraída pero audaz, elegante pero sin llamar la atención, sencilla, la gallina de mis sueños, la bella entre las bellas, se mostró ante mis ojos...
Temeroso me acerqué.
- ¿Cacareas o pones huevos?, le pregunté usando la famosa frase que tantos éxitos daba...... a otros gallos.
Y mientras esperaba su rechazo, ella levantó el pico del bebedero.
Despacio me miró de arriba abajo, deteniéndose en cada detalle de mi cuerpo.
No dijo nada, empecé a darme la vuelta cuando:
- ¡¡Eh, tú, guapo!!
Le dí tres vueltas al cuello quería ver a quien llamaba, pero allí salvo ella y yo, no había nadie. 
Todos estaban a lo suyo........
- Si, tú, el guapo. Siéntate a mi lado.
Paso por alto el resto.  Solo quiero decir que desde entonces soy feliz.
Hoy vivimos radiantes en un nido de protección Oficial, y tal vez, más adelante, tengamos tres huevos.  Dos sería muy humano......

2 comentarios:

  1. Hola!

    Gracias por esta historia, me ha encantado :) Si es que hay veces que uno no sabe qué hacer para ligar, y cuando ya no hace nada es cuando liga :)

    Besos :)

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  2. Gracias Ana María por tu comentario.
    Procuraré no decepcionarte, y hacer que cuando saltes de un blog al otro, tengas siempre la misma sensación de haberte encontrado con algo que valga la pena leer.
    O recordar, cómo es el caso del de donde vienes.

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