domingo, 22 de abril de 2012

CAMINO DEL CIELO

Voy a tomar un momento de respiro mientras contemplo el paisaje.  Cómo el de Cajamarca de la canción, también tiene mil distintos tonos de verde.
Si los médicos no me lo hubieran prohibido, ahora sería el momento de echar un pitillito, despacio, saboreando una a una las chupadas. 
Pero hace tanto tiempo que dejé de hacerlo.....
Sólo me queda mirar el panorama..
El camino del fondo, que ciñe con su brazo de tierra el cuerpo del Cerro, antes cabezo calvo de piel de rocas, ahora loma de espesa melena de pinos, se bifurca en dos. 
Un ramal, por detrás, conduce de nuevo a las casas, y el otro, tornando a la izquierda,  sube hasta “el pantano”.
Cuantas veces paseado, cuantas veces pensado...., camino de la “vuelta al cerro”.
Cierro los ojos, veo a Boss, mi perro, que adelantándose unos metros , me espera en el cruce.
Con el bastón le hago una seña, lo comprende y sigue subiendo hacia el saltador.
Los árboles, como soldados, se ordenan en filas cerradas sobre la tierra mojada de la Cañada.
La fachada blanca de casa vigila atenta con el ojo de una ventana.
Y el ciprés grande señala con su índice donde, en las noches de agosto, se encuentra la Osa Mayor.
Y por encima de la cresta del cerro, el pino grande, padre de todos los pinos, se asoma para vigilar que su prole no se le desmande.
Las casas del campo parecen sembradas a voleo.
A veces me gustaría convertirme en “Diablo cojuelo”, levantar sus tejados y enterarme de lo que sucede dentro.
Pero mejor no.
La arboleda de las fuentes del Marqués, dan sombra y dan agua fresca a la Torre de los Templarios.
Y en el monte del fondo, reposando desde hace millones de años, yace un obispo con su mitra episcopal.
Su nariz, boca y barbilla se distinguen perfectamente.
Descansa en paz seas quién seas...
Paisaje de Mayrena, horizonte añorado.
Si, quisiera pasar al otro lado, llevándote en mi mente, por la puerta invisible que noto detrás de mi.






2 comentarios:

  1. Ya me explicarás cómo has subido hasta ahí a golpe de "gayá". Mayrena enamora, más por insistencia y feminidad que por belleza (que también) Y la sierra de Quípar en efecto parece un obispo tumbado o mirando Altaïres. Nunca la había junado ansí.

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    1. He subido, Diego, a golpe de esa "gayá" intangible que llevo dentro. Y me ayuda a alcanzar esos sitios en los que guardo, cómo tu en la Cueva, recuerdos que siempre quedan.
      Tu buscas Altaires, yo encontré Aldebarán. Y el obispo que siga durmiente.....

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