lunes, 16 de abril de 2012







Si no sabéis lo suficiente de esta “Camelia sinensis”,  familia de las Teáceas”, y si como el común de los mortales, entre los que me cuento, os gusta de vez en cuando beber una tacita de té, os recomiendo sigáis comprando las humildes bolsitas de “Horniman’s” en el supermercado de la esquina….
Os librareis de enfrentaros al humillante trance por el que tuve que pasar hace unos días…..
Alguien, no se quién, pero seguro que con buena intención, le sugirió a mi Santa que para sus males artríticos, nada mejor que tomar cada día, con el desayuno, una o dos tazas de Té verde.
El caso es que al llegar a casa me propuso, sutil, que tal vez deberíamos alternar el hispano café con leche que, con sus churros o porras, sus tostadas con mantequilla, miel o mermelada, al gusto, desayunamos toda la vida, con el Té verde.  Brebaje que al parecer, tantas y tan maravillosas propiedades tiene para el cuerpo humano y su “oxidación”.
Al día siguiente, obediente, me acerqué hasta la tienda especializada en la venta de distintas clases de té.

Y allí:
“-Buenos días, saludé a una bellísima señorita de azulísimos ojos y pelo rubio, modalidad Valkiria.
-Buenos días Caballero, ¿Qué desea?.
-Por favor, póngame 250 gramos de Té Verde, contesté con la seguridad y osadía de quién cree saber mucho de esta hierba.
-Pero, ¿de qué clase?, me contestó la chica de los ojos azules.
-¡Como qué de qué clase!. ¡Té verde, señorita!, volví a insistir autoritario, pero notando que en mi interior algo se iba viniendo abajo.
-Es qué verá, Señor, de Té verde existen unas cincuenta variedades, y quisiera servirle como usted se merece.
Mentalmente me di cuenta que, cual mariposa, pero no en el mismo orden, iba pasando de “gusano” a “imago, y llevaba camino de trasformarme rápidamente en “Capullo”.
-Este, errr…., intenté mostrar un porte arrogante, noté que la mandíbula inferior se me descolgaba, y esbocé, sin conseguirlo, una sonrisa.  A mi,  -reconocí humilde-, me ha mandado mi  mujer, que tiene artrosis, y no quiero decirle nada de cómo tiene la columna; y le han dicho que el Té verde hace milagros.
Me concentré, deliberadamente, en los males de mi Santa, pues la piedad y compasión, dicen, mueven montañas.
Efectivamente surtió efecto.
-Ya, ya…, los bellísimos ojos azules de la moza se humedecieron, yo, me dijo, si me lo permite, le recomendaría éste, al tiempo que de la estantería sacaba un boté metálico lleno de Té.
-Perfecto, contesté agradecidísimo, póngame, entonces, los 250 gramos.
La situación se había restablecido y mi dignidad de varón volvía, sin menoscabo de la misma, a su ser.
Al tiempo que la valkiria, con parsimonia oriental y flema británica unidas, iba atendiendo mi pedido, me explicaba cómo, a la manera oriental, tenía que preparar el Té Verde para que surtiera los efectos deseados.
La escuché atentamente, porqué de esta manera podía contemplar su belleza dando a entender lo mucho que me interesaba “lo” del Té, sin que ella pudiera ofenderse con la insistencia de mi mirada en su rostro.
-¿Lo ha comprendido usted bien?
-¿Qué, cómo?, desperté de mi ensueño sin haberme enterado de nada de lo que me había dicho.
Le contesté que por supuesto, que agradecidísimo por su amabilidad y competencia, y que gracias a sus explicaciones ya era casi un profesional del susodicho té...

Nos despedimos. Volví a casa. Desde entonces yo sigo con el hispano café con leche, con sus churros o porras, con sus tostadas, su mantequilla, su miel o mermelada al gusto, y mi mujer se ha pasado totalmente al Té verde.
Sus huesos siguen igual de mal que antes, pero ya se sabe, la fe es la fe.
Cada mes voy a comprarlo, la valquiria me sigue explicando las bondades de la teácea, yo me sigo mirando en sus azules ojos, y alguna vez, es posible, solo posible, que pueda llegar a saber algo sobre el referido Té verde…..

Que lo dudo……



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