Para “Micifú”, el gato callejero, no hay crisis.
Sabe que tiene asegurada su ración diaria de pienso y agua.
Y para que ningún otro minino pueda quitarle el puesto, o ganarse el cariño de la anciana propietaria de la ventana, no se mueve de allí.
“Micifú” es cómo ese “profesional de la pobreza”, generalmente metido en carnes, que mataría al que quisiera quitarle su sitio en la puerta de la Iglesia importante donde “trabaja”.
El gato no mata, avisa.
Una mirada, un bufido y un arqueo de su cuerpo, son suficientes para que el intruso, yo, al fotografiarle, prudentemente y sin perderlo de vista, me alejara.
Que quién avisa no es traidor, por muy felino que sea.
O tal vez por eso.......

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