Me dan envidia los espíritus burlones de la noche.
Vuelan sin vértigo, se mecen flotando en el viento, juegan con las estelas de los aviones, y se esconden detrás de las nubes cuando se sienten espiados.
Me dan envidia, si.
Pueden llegar hasta tu ventana.
Mirar a través de los cristales, velar tu sueño, cantarte una nana, contarte mil cosas, y llenar tus sueños de historias preciosas.
Me dan envidia.
A veces quisiera ser duende, o alma en pena, de penas de Amor.
Voy a intentar ser duende. Te mando un beso de seda que llegue a tus labios, que roce tu cara, que llegue a tu pecho, que te de un abrazo, que cure tu pena, y muy despacito, se quede dormido, donde nace el Amor.

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